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Full text of "Antología"

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ANTOLOGIA 



Ministerio de Instrucción Fúlica y Previsión Social 

BIBLIOTECA ARTIGAS 
Art. 14 de la Ley de 10 de agosto de 1950 

COMISION EDITORA 

Prof. Juan E. Pivel Devoto 
Ministro de Instrucción Pública 

MarU JtTLIA ArdAO 
Directora Interina del Museo Histórico Nacional 

Dionisio Trillo Pays 
Director de la Biblioteca Nacional 

Juan C. Gómez Alzóla 
Director del Archivo General de la Nación 



Colección de Clásicos Uruguayos 

Vol 69 
Delmiha Agustini 
ANTOLOGIA 



Preparación del texto a cargo del 

D£PARTAM£mT> BE InTESTIGACIDNES DE LA BIBLIOTECA NACIONAL 



DELMIRA AGUSTINI 



ANTOLOGIA 



Sdección y prólogo de 
ESTHER DE CACERES 



DON ACION 
JE^UALDO S0S4: 

ms.e 

MONTEVIDEO 
1965 



0.373 902 



PROLOGO 



Por dog diversas vías, en la puerta de mi adoles- 
cencia, tuve yo noticia de Delmira Agustini, y desde 
entonces siempre, por las dos diversas vías, ella me 'Ha' 
llegado, hasta quedarse al fin sus imágenes y sus 'can- 
tos en mi alma, ya libres de mundo y tiempo, en las 
más secretas zonas de mi ser asombrado. 

Recuerdo aquellas dos vías. Una por voz opaca y 
multitudinaria de gentes poseídas por nerviosa curiosi- 
dad. Era en una calle de Montevideo marginada de plá- 
tanos; una calle a la que se asomaba mi infancia angus- 
tiada o feliz, entre apacibles azulejos, misterioso aljibe, 
jazmines del cielo.. . Era un cortejo fúnebre que lle- 
vaba a dormir entre cipreses a dos criaturas jóvenes, 
unidas por el signo de la Muerte. A la vez todos los 
diarios daban largas crónicas, sensacionales fotogra- 
fíasi» entre las que aparecían resplandecientes poemas 
de Delmira Agustín i como una réplica de voz sobrehu* 
mana al sórdido lenguaje conversacional. 

La noticia caía así sobre mi alma como una sorpre- 
sa chocante y áspera* Y ni la luz plateada de los azu- 
lejos, ni la verde sombra dulce de los plátanos podifan 
ya amortiguar este paso de la infancia transida amar- 
ga y oscuramente por un extraño luto y un plañir in- 
forme; por aquel ruido que violaba loa silencios sa- 
grados de la Muerte. 

Luego la otra. la noble vía. Era la voz maravillosa 
de María Eugenia Vaz Ferreira en su primera lección 
de la Universidad de Mujeres. Ya no el paso fúnebre; 



vn 



PROXjOGO 



ya no la anécdota. María Eugenia decía la belleza de 
los poemas de Delmira; la vida variante de aquel ser, 
evocada a través de sus más hermosos versos, para 
que aprendiéramos la belíeza de la forma y el misterio 

sagrado de la Poesía, Y María Eugenia casi cantaba 

en la penumbra de un aula inolvidable: 

Hace tiempo, algún alma ya borrada fue mía... 
Se nutrió de mi sombra. . . Siempre que >o quería 
el abanico de oro de su risa se abría, 
o su llanto sangraba una corriente más. . . 

Supe así la distancia entre anécdota y categoría. 
Supe la permanente imagen de una Delmira geniaL Y 
esta separación entre las circunstancias biográficas y 
el esplendor de la obra poética, la victoria del Arte; 
tal se nos dice hoy en el grave fundamental ensayo de 
Merleau Ponty sobre Cézanne; o como Emilio Orib» 
dijo con lucidez en su glosa sobre la misma Delmiru, 
al estudiar las diversas etapas del erotismo en su obra. 

A través de los años seguí recibiendo la noticia pOü 
tal doble vía; la versión y valorización de egos gran^ 
de» poemas, y la insistente versión biográfica, que so 
va a juntar, en el recuerdo, con aquel híbrido mide 
opaco, nacido en la sensualidad enfermiza, en la curio^ 
sidad vulgar, en el frivolo sen&acionalisrao, inquinen* 
do sobre un anecdotario atisbado sin la intimidad y el 
temblor que toda vida y toda muerte han de despera 
tat. Ese persistente ruido de pesadilla se me junta, «S, 
con aquel ajetreo de la calle, con aquel comentario 
en que una mezcla de compasión, asombro, y cautelo- 
sa reserva no exenta de acento farisaico me desconcer- 
taban. 

Y la voz de María Eugenia Vaz Ferreira. libre y pa- 
ra, venee, en el aire del recuerdo; canta otra vez en 



vra 



PROLOGO 



mi; dice la belleza inmortal del verso; conduce mí al* 
ma hacia loa más gloriosos poemas de la creadora 
extática: 

. , .Alma que yo ondulaba tal una cabellera 
derramada en mis manos... Flor del fuego y la cera 
Murí6 de una tristeza mía. . . Tan dúctíl era, 
tan fiel, que a veces dudo si pudo ser jamás . . 

Llevada por el eco de aquella lejana voz, por el eco 
de aquella música, entro yo en los poemas de Delmi- 
ra Agustini y en el ámbito de este libro que otra vez 
lleva su alma misteriosa y sola hacia el aire agitado 
del mundo; y hacia las almas misteriosas y solas que 
se acerquen a sentirla. 

Y llego otra vez a sus cantos. 

Se ha querido que en la Biblioteca Artigas aparez- 
ca una Antología de poemas de Delmira Agu8tini« 

Difícil misión es la de seleccionar, en obra extensa, 
valiosa, sumamente representativa y original, los poe- 
mas mejores. Difícil establecer un criterio para la se- 
lección, aunque domina en mi, naturalmente, la ten- 
dencia de elegir aquellas composiciones que tienen más 
valor en sí- Podrían regir otros criterios: entre ellos, 
el que considera a los poemas como elementos de un 
proceso^ lo que nos llevaría a incluir en la selección 
aquellos versos que tienen en sí rasgos fundamentales, 
que se van desarrollando a través de la obra, hasta 
repicar en plenitud. 

Incide también sobre el criterio de selección la bue* 
na tendencia a mantener la unidad y armonía del li- 
bro, la progresión de los cantos, y la visión permanente 
del alma y destino de la autora* 



IX 



PROLOGO 



El antologista se ve, pues, en graves dificultades; 
ha de ajustar el criterio de selección; ha de mantener 
cierta objetividad lúcida, y cierta libertad con respec- 
to a los gustos y tendencias sensacionalistas de la épo- 
ca; ha de estar atento, con oído y corazón pulsátil, 
a la esencial relación entre expresión y ser del creador. 

En el caso se excluyen, naturalmente, los poemas de 
la colección "La Alborada'^ registrados en la edición 
oficial que el Ministerio de Instrucción Pública realizó 
bajo los auspicios del Gobierno de la República, en el 
año 1940, con el prólogo y dirección de Raúl Montero 
Bustamante. 

Esa serie de poemas, que se incluyeron en la referida 
edición, fueron entregados por los familiares de Del- 

mira Agustini; vienen de su niñez: la escritora, con 
razón, no los juzgó dignos de publicarse. Podrían ser 
utilizados para el estudio de su proceso, pero, en ver- 
dady hasta hoy no vimos que hayan sido utilizados 
para ningún estudio crítico que justifique tal publica- 
ción. Por lo demás, juzgo que tales documentos pue- 
den ser consultados en los sitios en que ellos se ar- 
chivan» 

Elegimos, pues, fuera de esa zona final de la edi- 
ción de 1940, los poemas que se incluyen en las obras 
tituladas: El Libro Blanco (1907): Cantos de la Ma- 
ñana (1910); Los Cálices Vacíos (1913); El Rosaría 
de Eros y Los Astros dd Abismo; ediciones póstuma^ 
estas dos últimas, aparecidas en el año 1924. 

Si en algún momento hemos sufrido al hacer la se- 
lección, al excluir poemas que siempre tienen un valor 
y en los que siempre hay algún rasgo, algún paso ge- 
nial, nos hemos serenado pensando que todo creador 
desea, en fin, tener su antología, y antología rigurosa, 
cuanto más alta es su conciencia de Arte. María Eu- 



PROLOGO 



genía Vaz Ferreira dio el ejemplo más severo enlre 
nosotros de ese rigor, resolviendo, después de tan de- 
licadas cautelas ante los riesgos de la publicidad, la 
edición de los poemas severamente elegidos entre un 
gran número de los que, con criterio muy seguro y 
bien probado, tomó los más valiosos y representativos. 
Hemos de agradecer siempre a Carlos Vaz Ferreira el 
respeto con que cumplió esa voluntad de su hermana 
al realizar la edición postuma de La Isla de los Cán^ 
ticas. 

En cuanto a la actitud de Delmira Agustini frente 
a los poemas que fueron publicados como obras pos- 
tumas, algo sabemos, según la nota que figura a con- 
tinuación de Los Cálices Vacíos y en que la autora 
dice: 

"Actualmente preparo "Los astros del abismo", 

"Al incluir en el présenle volumen, segunda edi- 
ción de "Los cantos de mañana^' y parte de "El libro 
blanco'' estas poesías nuevas, no he perjudicado en 
nada la integridad de mi libro futuro. El deberá ser 
la cúpula de mi obra. 

"Y me seduce el declarar que si mis anteriores li- 
bros han sido sinceros y poco meditados, estos Cá- 
lices vacíos*\ surgidos en un bello momento hiperesté- 
sico constituyen el más sincero, el menos medita- 
do. • • y el más querido." 

Los poemas han sido elegidos, pues, entre lodos los 
que la autora publicó y los de esta última zona, que 
según la nota transcripta, ella califica como querida 
y valorizada. 

Y los he ordenado sin seguir el plan cronológico 

de la edición oficial ni el de las ediciones originales, 
buscando cierta relación de valores y cierta armonía 

XI 



del libro, que no sé si pude conseguir, pues se ti«l:a 
de aventura difícil. 

Vuelvo a pensar en el arduo trance de elegir; en el 
esfuerzo necesario para sobrepasar el límite de los 
gustos y tendencias particulares del antologista; en lae 
inhibiciones que el respeto y la admiración determinan 
ante la exclusión de algunos poemas. Y otra vez el re- 
cuerdo de lo9 creadores severos y humildes, el recuerdo 
de los verdaderos creadores que en verdad quieren 
perdurar según sus obras más logradas, amortigua to» 
do resquemor. Y pienso en este último ejemplo que en* 
contré, en el colofón de obras completas de aquel poeta 
romero, de León Felipe, editadas por Losada en el año 
1963. Allí se dice que León Felipe sólo accedía a una 
restringida antología de lo que a él le parecía valede- 
ro, pues según su opinión, al examinar el conjunto 
"apenas se tienen en pie unos cuantos poemas. Den- 
tro de unos año? — cree — no se sostendrá ni un 
verso". . . 

En la edición de Delmira Agustini hecha en 1940; 
los poemas aparecen ordenados según fue su apari^ 
ción en las distintas ediciones. Es una buena norma; 
puede también, en un libro que tiende a mostrar anto- 
lógicamente los poemas que se juzgan de más valor, 
realizarse una ordenación distinta, dirigida a la uní* 
dad del conjunto. 

En la edición titulada Poesías Completas (en reali' 
dad no lo son) que publicó Losada, Alberto Zum 
Felde resuelve el problema. En una primera zona del 
libro, la Antología hecha por el crítico. Luego las com- 
posiciones que aparecen, dice Zum Felde, "en la 
propia edición que la poetisa hizo de sus poemas, en 
1913 ÍEd. Orsini Bertani, Montevideo, 1 vol.) en la 
que incluyó, bajo el titulo general de Los cálices m- 



PROLOGO 



CÍ05, (jue es la primera parle del libro y última en la 
cronología de su producción^ partes seleccionadas de 
Cantos de la mañana y de El libro blanco aparecidos 
en a£os anteriores". 

La edición de la Biblioteca Artigas es más limitada, 
más severa, dando al lector sólo una Antología en 
parte coincidente con la de Zum Felde. El lector po- 
drá encontrar en otras ediciones los poemas que no 
están en esta selección; o hallar, como piedras precio- 
sas, en algunas citas de nuestro Prólogo momentos ex- 
traordinarios que resplandecen en diversos poemas que 
han sido excluidos de la Antología, pero en los que 
siempre surge, viva y original, la expresión del ahna 
intensa, de la inspiración alada, del poderoso genio 
de esta gran creadora. 

Varias ediciones, con prólogos y notas, de la obra 
de Delmira Agustini; algunas biografías y muchas 
glosas periodísticas, han intentado dar la imagen de 
la poetisa y la caraclerización de su obra. 

La crítica sobre tan delicado tema avanza lenta- 
mente. Yo evoco aquí momentos que parecen funda- 
mentales en esa crítica. Es primero el estudio de Al- 
berto Zum Felde recogido en su Proceso Intdecttud 
del Uruguay y válido por sí mismo, por sus serios, 
intrínsecos módulos y además por el definitivo jui- 
cio de valor que allí se establece. Ese trabajo se com- 
plementa con el Prólogo que Zum Felde ha publicado 
al frente de Poesías Completas de la autora, editada 
por Losada, ensayo en que el crítico realiza una revi- 
sión de la obra, patentizada luego por un primer ca- 
pítulo — digamos — en que se da rigorosa antología 
de las composiciones. 

Después de reiterar los conceptos que con lucidez 
expresara a raíz de las primeras lecturas de los poe- 




paOLOGO 



mas, marca con agtidesa la doble condición de los mis* 
mes: si bien ligados a las circunstancias de la histo- 
ria literaria de la época, ellos se diferencian notable- 
mente y logran una jerarquía original. Dice Zum Fel* 
de: ^^Si la esencia de su poesía es universal e intem- 
poral — válida en todo lugar y toda época — por 
cuanto atañe al fondo permanente del alma humana y 
de la humana realidad — el acento de su expreaién, 
el lenguaje en que tal universalidad tomó forma se 
relaciona necesariamente con los caracteres propios de 
la época en que apareció. La obra, como la persona- 
lidad misma, aun cuando sean origínales en su rafa 
y perennes en su valor, están condicionadas por los 
caracteres históricos* Y en tal plano, la poesía de Del- 
mira participa, en mucho, de aquella atmósfera lite* 
raria del siglo y de aquel conjunto de elementos que 
definen una etapa de la cultura''* Y después de afir- 
miar que el estado de alma y los caracteres de expre- 
sión propios de la literatura post-romántica en el údi- 
timo tercio del siglo XIX — y para América bastfinte 
entrado el Novecientos — viven de modo intensísimo 
en las poesías de Delmira Aguslini, como en Rubén 
Darío y en Herrera y Reiasig, afirma: "Pero Defam- 
ra —como aquellos maestros de la lírica hispano- 
americana^ aunque por otros fundamentos, pues que 
no fue una artífice del verso, como ya comproba- 
mos — y contiene en sí aquella entidad ingénita que ^ 
necesaria para sobrevivir y permanecer, cuando los 
elementos puramente históricos han caducado, en fsl 
curso de la inevitable y salvadora renovación; y cuan- 
do la mayoría de los escritores y artistas, conforma- 
dos y limitados por la psicología y el lenguaje de 
una época dada, han caducado a su vez, marchitos sus 
valores precarios, por no haber podida arraigar en la 



XIV 



PBOLOGO 



zona profunda de universalidad que no <afecta el cam- 
bio de los tiempos'\ 

Emilio Oribe, con sensibilidad y penetración de poe- 
ta, contempla en Poética y Plástica la altura y pro- 
fundidad de la obra de Delmira Agustini; va al se* 
creto de su alma. Se refiere» con delicadeza e inteli- 
gencia, a diversos poemas que glosa de este modo: 
"Lo creado en estos ejemplos participa de lo que la 
lírica logra concretar en ciertos predestinados, que, 
por una modalidad especiali£ima, adquieren la virtud 
angélica, doblemente angélica por su claridad y su 
pureza, que la logran hacer perder las particulari- 
dades camales o humanas de tal mujer o de tal 
hombre". **E1 bagaje material de esa poesía es casi 
nulo; el limo de la carne, especie de pecado original, 
que trae cada poeta en su destino, se ha transfigurado 
desde ya, haciéndose luz o música. Hay una voz que 
canta asi en la Edad Media y es aquel joven Dante 
de los sonetos y canciones. Hay otros que lo superan 
por momentos y son Keats y SheÜey/^ 

Y glosando aquel bello poema El poeta leva el an- 
cla... dice todavía: ^'Se trata de una poesía lírica 
en su más definida esencia. No es la voz de una mujer, 
ni la de un hombre: participa de ese carácter angélico, 
con que vienen revestidas las mejores revelaciones del 
lirismo. La poesía, de un solo trance de inspiración 
se ha revelado directamente con una creación que ge 
desvincula de la vestidura humana. Es una imaginada 
aventura viajera, de carácter alegórico, como es en 
último término la poesía que la imaginación crea, más 
allá de los datos de la realidad o de la experiencia in- 
terna. El elemento lírico, lo que la imaginación diá- 
fana y difluyente crea, se tiene que apoyar, para per- 
petuarse, en la idea alegórica, la idea vecina át la 



XV 



PBOLOGO 



idea pura, que es más poética cuanto más vaga y mu- 
sical se vaya manifestando". 

En tan importante ensayo no se abordan las rela- 
ciones de la poesía de Delmlra Agustini con ios mó- 
dulos de la época, ni los desniveles de la obra. Pienso 
que aquellas relaciones son propias de las composi- 
ciones de menor entidad. Los poemas de valor defini- 
tivo viven en un aire de libertad, de gracia original^ 
que los separa de todo acento común y vulgarizado» 

Si bien no es inútil, ni es injusto, marcar esos des- 
niveles, esas zonas de influencia y contaminación; si 
bien tal ejercicio lleva a separar loa poemas inmorta* 
les de Delmira, justifica la selección necesaria^ desta- 
ca los valores originales, en nuestro espíritu queda la 
frase con que, el ensayista, al estudiar los más inten- 
sos y representativos poemas, al glosar aquella Ffe- 
garia admirable, acota con significativa afirmación: 
"Para cantar se ha tomado en apolínea^', una buena 
clave para el estadio de estos cantos y de toda aba 
Poesía. 

Esas páginas sutiles contestan categóricamente a to- 
das las limitaciones y equívocos contenidos en la vul- 
gar expresión poesía femenina, asomándose al gran 
misterio de aquellos dobles aspectos de la personali- 
dad que se dan en loa glandes seres; el rasgo de la 
caridad propio de la mujer y el aspecto realmente he- 
roico del hombre, revelados como una doble realidad 
en los grandes santos y simbolizados en las expresio- 
nes de las LfCtanías Lauretanas cuando equiparan *^a 
la imagen femenina de la '*roaa mystica'^ las imágenes 
masculinas de '^speculum justitiae'' y "turris Davi- 
dica^'.,« (A propósito, y como cuando pensamos en 
el alma y los cantos de María Eugenia Vaz Ferreira, 
vienen a, mi recuerdo laa ideas fundamentales de Gar- 



xn 



PROLOGO 



trude von Lefort expuestas en su libro La mujer 
eterna) • 

Desde lejos, concepto paralelo se insinúa en el estu- 
dio de Zum Felde^ cuando evoca la sensibilidad pro* 
fundamente femenina de nuestra poetisa — ^'esencia y 
símbolo de feminidad ella misma" — , indicando que 
su verso es al mismo tiempo, ''de una virilidad cere- 
bral no alcanzada, tal vez hasta entonces, por ningu- 
na otra poetisa» no siendo Santa Teresa» la sublime 
doctora'* , . . 

En nuestros días han aparecido nuevas notas críti- 
cas a tener en cuenta: las que publicara en el pasado 
año, en la Página Literaria que dirige, Arturo Sergio 
-Visca. Afirma en ellas la necesidad de excluir con pru* 
dencia y buen gusto el abuso biográfico que despola- 
riza la atención y la lleva a donde no están realmente 
la autora y sus valorea. Si ese abuso biográfico es 
siempre desorientador e inadecuado*, en el caso de DeL 
mira Agustini se da con máximos riesgos. Insiste luego 
el crítico en los desniveles de la obra, estudiándolos 
con cautela. Y marca el acento sobre la afirmación 
difundida de que existe una línea fundamental, meta- 
física, religiosa, en esta poesía, negándola y sostenien- 
do la primacía invasora de la línea erótica* Era el cri- 
terio de nuestro inolvidable Lauxar. Es evidente que 
ha habido abuso y desenfoque en la caracterización 
de Delmira Agustini como poeta de fondo metafísico. 
Una discriminación de los poemas, e incluso, de los 
momentos en que ellos fueron creados, un estudio del 
gradual de lo erótico a través de la obra, tal como 
se establece en el ensayo de Emilio Oribe, pueden 
aclarar este punto. 

Anie el abuso de la investigación y exhibición bio- 
gráfica, que arreció en el pasado año con motivo de 

xvn 

2 



PBOLOGO 



conmemorarse un aniversario de la poetisa, en útil y 
puntualizadora nota titulada '"Mito y Biografía de Del- 
míra Agustini'*, escribe Sergio Visca: — bueno es re- 
cordarlo — "Obra y vida se amalgaman confusamente 
y una y otra pierden sus nítidos contomos. La cir- 
cunstancia biográfica, entonces, en vez de ayudar a la 
comprensión y valoración de la obra sólo sirve para 
enturbiar el juicio crítico". 

En sucesivas notas muestra los rasgos de algunos 
poemas, señala la necesidad de una selección afinada, 
y marca con sutileza el elemento alegórico, indicando 
^'cómo lo subjetivo se expresa en algunos poemas indi- 
rectamente y cómo aparece en tanto que el creador es 
el personaje de la alegoría". 

Este es el personaje magnífico que aparece en los 
poemas* Es nuestra Debnira Agustini. 

La condición angélica, el estado apolíneo, el des- 
tino extraño, la originalidad esencial, sitúan a la pee* 
tisa en un ámbito irreal de soledad que la diferenciáis 
la aisla, le confiere un carácter. 

La soledad se liga al misterio de su canto; se cons- 
tituye en un valor. 

En esa soledad se encuentran los elementos origi- 
nales, personales, trascendentes, que separan a su poe- 
sía de los acentos de la época y que separan a su ser 
de toda pesadez común, 

£n esa soledad nace y crece su estilo. 

La soledad de Delmira Agustini Uega a sus poemea 
y se da en ellos como pureza estética despojada de 
todo rasgo anecdótico. En la dociunentación abruma- 
dora con que alguna vez se quiere darnos su persona- 
lidad^ los elementos anecdóticos llaman a la puerta 
de nuestra atención y no» llevan a pensar en una cria- 
tura ligada al mal gusto de una época y de un am^ 



xvm 



PROLOGO 



biente pequeño burgués, sórdido y vulgar, Nada de 
eso en sus fundamentales poemas; salvo alguna vez en 
que fugazmente aparece algún elemento decorativo, 
que le empequeñece el verso, o algún elemento fan- 
tástico convencional ya alejado de su profundo ser orí- 
gmalis)mo« todos los ámbitos de la poetisa son ámbitos 
singulares, transfigurados, absolutamente desligados 
de la vida cotidiana. 

Y as! ella misma, en su iconografía esencial: como 
la da Raúl Montero Bustamante en la edición oficial 
de la obra, que prologó, al recordarla en una visita, 
llevando &us primeros cantos: ajena al silio, lejana, 
irreal Así podemos verla en el bello retrato, fotogra- 
fía del pintor Carlos Castellanos, al frente del libro 
Los Cálices Vacíos. 

Lejanos los ojos; lejana la actitud; y hasta lejanos 
el encaje y el abanico que entran en la compoaición. 

Delmira crea una realidad, un medio en el que 
vive y sueña y canta. Su imaginación original y rica 
construye ese ámbito nuevo y misterioso: su verda- 
dero Reino, 

Ya en El Poeta y la diosa la línea narrativa, pri- 
maria, se cruza con elementos extraños, que contras- 
tan con alguna palabra vulgar o con alguna imagen 
convencionaL Después el ámbito se hace más y más 
profundo, oscuro y pleno de calidades. Desde aquel 
poema idílico, inolvidable; 

La tienda de la noche se ha rasgado htcxa Oriente. 



...Tu amor tienta, es la gruta 
afelpada de musgo, el arroyo, la fruta 
la deleitosa Iruta madura a toda mieh 



XIX 



PROLOGO 



En Mis idohs se da^ de modo expreso, ia transición» 
el paso hacia lo extraño, hacia lo transfigurado. Des* 
pues de varias estrofas en que enumera y caracteriza 
S118 ídolos, llega a decir de un dios nuevo y victorio* 
so. • . 

..^que reinó, simple r fuerte, 
en la belleza austera del templo de lo raro, 
donde todo vij^ría como hendo de muerte. 



El acento de lo circunstancial se apoya muchas ve- 
ces sobre los versos en que elementos descriptivos o 
narrativos sustituyen el vuelo poético. Así en El poeta 
leva el ancla. Mis ídolos. Tres petalos de tu perfil O 
en aquel poema Con tu retrato en que irrumpen, sobro 
líneas en que asoman los riesgos de una descripción, 
expresiones inesperadas y vivas que invaden el retrato 
evocado: 

Nubes humanas, rayos sobrehumanos, 

Y aquél: 

Por eso, toda en llamas, 70 desato 
cabellos y alma para ta letrato . . . 

que al fin se borra y trueca sus rasgos misterioBa- 
mente, cuando el verso canta: 

. . . Queda en mis manos 
una gran mancha lívida y sombría.,. 
- Y renaces en mi melancolía 
íonnado de aatioa itío$ y lejanos! 

Esta inclinación del poema hacía una vaguedad que 
contrasta con las alusiones precisas y la plasticidad de 
las imágenes, se da muchas veces en estos versos. En 
el poema citado enriquece la composición, desdibu- 

XX 



PROLOGO 



jando con delicadeza y gracia el trazo general, quizá 
demasiado concreto, de los primeros versos. £5 ella 
misma quien irrumpe, llevándose todo lo que pueda 
tener trazos convencionales. Otras veces la irrupción 
es un cambio de rima, de metro^ de ritmos: 

Emperatriz sombría» 
sí un día, 

herido de un capricho misterioso y aciago, 
yo llegara a tu torre sombría 

O en el poema Las alas, de cambianleg metros, in- 
terrogacionesj exclamaciones, dudas, y al fin dos ver- 
sos en que se desata todo el inquieto ir y venir de imá- 
genes, según metro y rima inesperados. El poema se 
sostiene por rara virtud que los estilistas han de estu- 
diar. Y si todo es en él afirmativo y definidor, los dos 
Últimos versos, sin que sufra la forma, expresan, por 
una imagen bien concreta, la vaguedad del sueño: 

Y no siento mis alas'. , 
Mis alas?... 

— ^Yo las VI dchacpr^e entre mis brazos . . 
¡Era como tm deshielo) 

En Visión después de dar una presencia muy con- 
creta según abundantes imágenes, cuya intensidad en 
muchos momentos salva el posible riesgo de la narra- 
ción, hacia el fin del poema, en la última estrofa, y 
también subrayado por un sorpresivo cambio de me- 
tro, la presencia se esconde misteriosamente, en plena 
libertad del verso: 

Y cuando, 

te abrí los ojos como un alma, y vi 

que te hacías atrás y te envolvías 

en yo no sé que pliegue inmensa de la sombra! 



XXI 



PROLOGO 



Tramicián semejante en el poema inicial de El Libro 
Blanco, titulado El poeta leva el uncía. Se afirma el 
trance del poeta, su pattida por un bello mar, en una 
fantástica barca de vela azul^ de ancla de oro. de proa 
alegre. Unas exclamaciones jóvenes irrumpen en me- 
dio de las estrofas en que insistentes toques de la ima- 
ginación amortiguan el riesgo de lo descriptivo. 

Partamos, musa mÜai 



Y luego: 

El momento supremo ! . . . Yo me estremezco ; acaso 
saeño lo que me aguarda en los mandos no Tistos? 

Y ya es el paso hacia una sorpresiva expresión fi- 
nal, fuerte y dominadora en todo el poema, que se 
resuelve de modo inesperado, dibujando la presencia 
de quien canta, sobre las imágenes casi ya extinguidas^ 
de las primeras estrofas: 

Tal vez un fresco ramo de laureles fragantes, 
el toisón reluciente, el cetro de diamantes, 
el naufragio o la eterna oorona de los Cristos? 

El modo se da en varios poemas intensos; y el con- 
traste entre versos sostenidos y declinación final que 
no quebranta el orden entero es singular. Kn el ensayo 
antes citado, Emilio Oribe alude alguna vez a esta 
vaguedad vinculándola con la estética simbolista. Cu* 
rioso ejemplo aparece en el poema Ofrendando el ü- 
bro de Los Cálices Vacíos; cuatro firmes estrofas en 
las que hay hasta un elemento de simetría en la pala- 
bra inicial del primer verso de cada estrofa: 

Porque haaas tti eatt da la leona 



mi 



PROLOGO 



Porque tu cuerpo es U raíz, el laso 
Porque emerge en tu mano bella y fuerte. 
Porque sobre el Espado te diylso. 



Y después de las cuatro estrofas, en que sigue a es- 
tos versos iniciales una caracterización de Eres, un 
verso final, suelto, unido a la anterior estrofa por me- 
tro y rima, e incluso» por el sentido del verso inme- 
diatamente anterior: 

Comumrando infierno y paraíso 

pero separado al fin, destacado con fuerza, tanto en 
el sentido como en los elementos sonoros: 

— Con alma fúlgida y carne sombría « . , 

claro y oscuro final del poema. 

Y ya lejos de insistentes y desbordadas imágenes, 
canta aquí la soledad. 

La soledad que pone luz y sombra en sus imágenes 
y símbolos, está cantada por Delmira Agustini y bus- 
cada por ella paia todos los trances de su vida. Así, 
por ejemplo, para ios trances del amor humano, de 
manera explícita, en el poema Intima, en que dice con 
lúcidos versos el apacible encuentro: 

En el silencio de la noche mi alma 
llega a la tuya como a un gran espejo, 

Junto a la máxima tensión de: 

. amor que quiere 
vida imposible, vida sobrehumana, 
tú qur sabes si pesan, si consumen 
alma y sueños de olimpo en carne humana. 



xxzn 



PROLOGO 



Y se reitera» hacia el fin del poema^ la inclinación 
a la soledad, la huida del mundo: 

Ahí tú sahrás mi amor^ mas vamos lejos 
a trarc3 de la noche fioterida; 
acá lo humano asusta^ acá se oye, 
se ve, se siente sin cesar la vida 

Vamos más lejoa en la noche, vamos 
donde m un eco repercuta en mí, 
como una flor nocturna allá en la sombra 
yo abriré dulcemente para tí. 

La soledad original característica de Delmira Agus- 
tini es la soledad de su trance poético; la de la cria- 
tura original, nacida en una isla que no se puebla. A 
pesar del aire de época que se acerca a bu biografía y 
que algunas veces irrumpe en las crónicas y en la do- 
cumentación, y hasta — como se ha señalado por la 
crítica — , en muchos poemas de menor valor. Pero 
su gran poesía no entra en diálogo con su tiempo. Se 
han señalado concomitancias, influencias, relaciones: 
con Herrera y Reissig, con Vasseur, con Lugones, con 
Darío ... Son relaciones aparentes, superficiales. Di- 
ríamos que tanto en lo formal como en lo profundo 
— que siempre sustenta a lo formal — esas relaciones 
no son fundamentales. Las palabras e imágenes que 
pueden encontrarse en Delmira y en los poemas señft* 
lados, tienen en Delmira otros contextos, otros senti- 
dos otro^ valores. 

Bastaría comparar con cautela la palabra Cisne en 
Darío y la palabra Cisne en Delmira para percibir 
esas distancias y diferencias. Bastaría considerar cómo 
ella está lejos del pintoresquismo y del esteticismo que 
se dan en diversas zonas de la obra de Herrera y 
Reissig* para separar a los dos creadores y sostener 

XXIV 



PROLOGO 



una vez más la libertad de Delmira con respecto a ta- 
les influencias, a pesar de lo que pueda percibirse en 
las zonas menos importantes da la obra, caracteriza- 
das por cierta falta de rigor en cuanto a la sobriedad, 
sobre todo en cuanto a la selección de las imágenes 
o al abuso retórico. 

La originalidad de Delmira Agustini queda, a pesar 
de todo^ victoriosa» Carlos Vaz Ferreira — sutil ?en- 
tidor de Arte, lector en profundidad según se nos dio 
lue2;o en su? inolvidables lecturas de Nielzsche de Tols- 
toi, de Proust. . . — destacó ante El Libro Blanco ese 
valor único, personal, que separa a Delmira de los 
poetas de su tiempo» Y dijo en una carta admirable: 
**Su poesía está pensada y sentida en profundidad^ lo 
que es un poco difícil de explicar, hay un tipo de 
arte cuyas manifestaciones se agotan en la primera 
percepción: y otro tipo de arte que se puede ahondar. 
La poesía de Ud. tiene, en un grado excepcional, esta 
cualidad, y, en las sucesivas lecturas, se va enrique- 
ciendo con una armonía profunda de resonancias in- 
telectuales V afectivas. Siempre he creído que éste es 
el tipo más elevado de arte.,." 

Antes de tal afirmación ha marcado, con cautela y 
claridad, algunas declinaciones de la forma: y, sobre 
todo, el que '^la versificación no sea muy pevera'\ Con 
aquella penetración de gran pedagogo dice: "Pero Üd. 
corregirá eso cuando le parezca, o no lo corregirá, si 
ello estorba a su temperamento o si un esfuerzo en tal 
sentido hubiera de costarle aunque fuera la más leve 
porción de su expresión personal o de su franca y 
fuerte espontaneidad'*. Tal pasaje, como aquel en que 
se refiere a las influencias que el artista recibe, es co- 
mo toda la carta una fundamental lección válida en 
todo tiempo y circunstancia. £Ua se hace definitiva 



XXV 



PROLOGO 



cuando el Maestro Vaz Ferreira aíirma: *'Entre los ca- 
racteres sorprendentes de su libro, tal vez lo sea mfis 
que todos, éste: que Vd. no imita éri absoluto'\ 

Y eran los días en que aquel apasionado y agudo 
definidor que se llamó Rafael Barret afirmaba: "Del- 
míra Agustini no copia ni imita: crea". 



Hay, pues, una distancia entre su poesía y su tiem- 
po. Como la hay, — quizá aún más dilatada y esen- 
cial — entre la poesía de María Eugenia Vaz Ferreira 
y su tiempo. Todavía, María Eugenia más solitaria: 
con el vuelo del alma en la más abstracta zona de la 
Belleza: 

Oh Belleza, que tú seas bendita 
ya que eres absolutainenle pura, 
ya qtie eres inviolada» 
límpida» fimiet sana e impolutap 



Eres inacceaible, 
erea pasiva y sola, 
sencilla 7 sobrehumana; 

no in&piras, no padece» 

el dominio impenal de la materia 

ni la "vencible turbación del alma 

El proce&o de madurez, el milagi o del Tiempo — "la 
labor del minuto y el prodigio del año" de Darío: — 
que pudo darse en María Eugenia y que no sabemos 
SI hubiera elaborado canto, tiempo y alma en Delmira 
Agustini, aparifce en La Isla de los Cánticos como una 
liberación hacia la soledad íinal. 

Tal liberación con respecto al medio y a la época 
puede ser considerada como un valor, aunque actual* 
mente cierta critica considere como importantes loé 



XXVI 



PROLOGO 



nexos de la obra con todo lo que del mundo rodea al 
poeta: la circunstancia vital, sociológica, política, etc. 

Raros son los casos — raros y eminentes — en que 
esa conexión agrega valor, coincide con la expresión 
profunda del ser del autor, con su originalidad y bus 
calidades. Una relación de intensidad, de fuerza viva, 
sostenida en valoree esléticog universales es la condi- 
ción necesaria para que el diálogo con ambiente y épo- 
ca no turbe la necesaria soledad, la fuente original 
que sitúa a los cantos más allá del Tiempo. 

María Eugenia Vaz Ferreira dijo su amor de la so- 
ledad en melodiosos versos que cantaban en un aire 

de serenata: 

¿A quién amará ^ 
novio de la soledad! 
Después de este amor auprcmo 
¿a quién amará? 

Más tarde en graves versos dijo una soledad de más 
allá: 

Jugando a cunas y tumbas 

estaba la Soledad. 

Y Delmira, que está más acá de esa soledad dice en 
el poema Un alma algo así como su ser en medio de 
todo lo cósmico* contemplado por ella con astral in- 
diferencia**. 

Más acá de la soledad abstracta de María Eugenia 
Vaz Ferreiraj ¿qué son, en Delmira esos extraños cie- 
los "afelpados de sombras o dorados de soles"; esos 
'^ceños de los reconcentrados horizontes^' "los deshie- 
los de las nubes''; los huracanes ante los cuales ella 
se ve "arropada en el manto pálido y torrencial^' de 
su melancolía? 



PROLOGO 



Lo que en La Isla de los Cánticos se da por vía di- 
recta, idílica, como amor de la soledad o luego como 

^'amor supremo*" por vía misteriosa, metafcica, al evo- 
car la soledad, en Delmira se señala en medio de unos 
elementos tan extraños que, a pesar de su carácter y 
de sus alusiones, no configuran un paisaje. También 
aquí asoma una realidad misteriosamente trascendida, 
que ya nos aleja de los cielos, horizontes y nubes des- 
heladas como las que nuestros ojos han podido regis- 
trar en su maravillosa experiencia de ver. 

¿Qué horizontes; qué nubes; qué relámpagos; qué 
huracanes? . • , El titulo del poema sitúa quizá el nue- 
vo registro, el nuevo ámbito: Un abna. 



La huida de la realidad^ tan señalada como elemen- 
to característico en los poetas románticos, se señala 
en Delmira como un ensimismamiento ante las pode- 
rosas fuerzas evocadas en Un abna. Otras veces^ cuan- 
do asoman a los cantos elementos descriptivos, circuns- 
tanciales^ ella insiste en el contraste, en el claro oscuro, 
en el contrapunto: la vida íntima resplandece frente 
a la nota exterior; y una comparación o una imagen 
poética vienen a enriquecer o a transfigurar la rea- 
lidad: 

Fuera la noche en veste de tragedia solloza 
como una enorme viuda pegada a mis cristales. 

Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras. 

Hay noches negras, negras, que Uet^ou en la frente 
uua rosa de sol. , . 

xxvm 



PROLOGO 



Otras veces esa huida se da con elementos que re- 
cuerdan más directamente la realidad: 

Yo vivía en la torre íncbnada 
de la Melancolía... 

Las arañd«; del tedio, las arañas máü grises, 
en silencio y en gns tejían y tejían. 

Se puebla esta torre con elementos que tienen una 
vida real y que luego se transfiguran según alegórico 

sentido : 

i Oh la húmeda torre í... 
Llena de la presencia 

siniestra de un gran buho 
como un alma en pena; 

Tan mudo que f\ Silencio de la turre es dos veces» 
tan triste, que sin verlo nos da frío la inmensa 
sombra de su trisle¿a. 

Este don de ver en las cosas, a través de su aparien- 
cia, su trascendencia, su poesía honda y viva, su re- 
lación con alma y destino, el mundo transfigurado, 
real e ideal, determina el valor eminente de Delmira 
Agustmi y testimonia su poder como poeta perdura- 
ble. 

Ella misma, ante el misterioso proceso de transfigu- 
ración, de fuga, de entrada en un ámbito ideal, no 
sabe y se hunde en "una rara ceguera luminosa'\ 

En la primera estrofa de este extraño poema Ce- 
guera^ clave oscura, clave sin clave, dice su misterioso 
estado poético. 

El primer verso es decisivo, con sus dos adjetivos 
definidores: "Me abismo en una rara ceguera lumino- 
sa'', que no logran, a pesar de ser tan enriquecedores, 
aclarar el misterio del poema. Y antes de la pregunta 
de los dos versos finales, — pregunta que se acerca al 



XXDL 



I 



PROLOGO 



riesgo de vulgar y que victorioBamente lo vence — aso- 
ma una declaración misteriosa, más aún que la del 
primer verso: 

Ud abLro, casi un alma, me ha celado la Vida. 

En la segunda estrofa, rompiendo la regularidad 
métrica con libertad y señorío, manteniendo un rigor 
de estructura, vuelve a reiterar los calificativos: "rara 
ceguera": "rara ceguera que me borras el mundo"; 
y en fin con una variante sobre la misteriosa acción: 

Estrella, casi alma, con qae adiendo o me hundo 
dame tu luz y vélame eternamente el mundo! 

Otra vez, en el poema La ruptura encuentra su ima- 
gen, la verdad de su ser: 

, Con calma 

curíobidad mi espíritu se asoma a su laguna 
interior, y el cristal de las aguas dormidas, 
refleja im dios o un monstruo» enmascarado en una 
esfinge tenebrosa suspensa de otras vidas. 

Podría afirmarse que la mejor poesía de Delmira 
Agustmi queda encerrada en un misterio, un misterio 
de Arte que le confiere gran entidad. Y que la vida 
y alma de la autora quedan también en su misterio» 
a pesar de las abusivas crónicas, de los documentos 
biográficos y de todos los intentos de la crítica biográ- 
fica y de la crítica psicológica. 

El simbolismo de su ser y el simbolismo de su obra 
se hacen herméticos. En los poemas se conciertan con 
los símbolos poéticos, que son allí "la expresión per» 
ceptible de una realidad invisible^'. 

Muchas veces se ha hablado de una mística o una 
metafísica en esta poeifo hermética y a la vez desen* 



XXX 



PROLOGO 



vuelta como una cinta de música. Sólo nos parece po- 
sible la afirmación si se refiere al valor simbólico que 
en ella se advierte casi a cada pa«o: es decir, a un va- 
lor que desborda los límites de lo p&icológico, o bio- 
lógico, histórico o social: a un valor que se da, repeli- 
mos, como ^'expresión perceptible de una realidad in- 
visible*', *'como dignificado metafísico del portador"» 
*'E1 portador puede no estar a su nivel, pero por ello 
el símbolo no decae/' 

En casi todos los poemas de Delmira Agustini aso- 
ma ese aspecto cósmico metafísico de la mujen "de lo 
femenino como misterio". 

No tendría ella la conciencia de su poder simbóli- 
co; aquella conciencia grave que se revela en la im- 
ponente frase de Goethe, cuando éste afirma el grado 
simbólico de su existencia. La intensidad pasional de 
Delmira invadía todos los ámbitos de su ser, no, segu- 
ramente a la manera de la invasión individualista que 
ya aparece en los signos femeninos de la época, ca- 
racterizada por un lamentable acontecer cuyo signo 
puede definirse hoy así: "en donde la mujer se quie- 
re a sí misma allí se esfuma el misterio melafísico". 

Ella invadía los ámbitos de su ser según la más 
ardiente vida en Poesía y en Misterio: 

Me abismo en una rara ceguera luminosa 

¡Así tendida soy un surco ardiente, 
donde puede nutrirse la Buniente, 
de otra Estirpe 6ubbmemeiite loca! 

Yo soy el cisne errante de Ins sangnentos rastros, 
voy manchando los lagos y remontando el vuelo. 

Estas alusiones en las que la poetisa da su ser a tra- 
vés de misteriosas imágenes de gran valor, se comple- 

XXXI 



PROLOGO 



mentan con otras expresiones confesionales más di- 
rectas: 

Yo vivía en la toire inclinada 
de la Melancolía... 



Mi templo está allá lejos, tra«^ la selva huraña. 
Allá salvaje y triste mi altar e« la montafid , . 

O cuando dice en relación con su obra: (Mi Musa, 
Rebeldía, La Musa Triste) o en los exultantes poemas^ 
tales como ¡Vida!: 

Vengo a tí en mi deseo, 

como en mil devorantes abismos, toda abierta 

el alma incontenible. . . 

Y me lo ofreces todo' 

Los mares misteriosos florecidos en mundos^ 
lu9 cielos místenosos florecidos en astros, 
Log astros y los mundos! 
...Y las constelaciones de espíritu suspenBaa 

entre mundos y astros. , . 

. . Y los sueños que viven más allá de los astros, 
más acá de loa mundoa,..*' 

versos en los que al fin desborda el alma hacia lo le* 
jano, lo cósmico, 

Y todavía, lo confesional, en los poemas de amor 
más ligados a la referencia anecdótica, como Intima, 
Visión, Amor, Explosión^ Mis ídolos, . . 

Entre esas imágenes que da de sí misma aparece al- 
guna vez Delmira frente al misterio cristiano, en poe- 
mas que me parecen más circunstanciales y quizá arti- 
ficiosos: es Noche de Reyes y A una Cruz. En éste, 
que aparece en Cantos de la Mañana con el subtítulo 
Ex Voto, hay la visión de una cruz que se levanta 
en un paisaje nocturno. Comienza con una invocación 
en la que se refiere al don de la Cruz: 



XXXH 



PROLOGO 



Pareces bendecir la tierra entera 

y atarla al cíelo como un férreo lazo! 

Y sigue la adjetivación: puerto de luz, férreo lazo 
que ata al cielo con la tierra...; y luego el paisaje 
nocturno, cuyo acento retórico se interrumpe a veces 
con una expresión significativa y valiosa: 

La Lnna alzaba dulce, rlulc emente 
el velo blanco, blanco y transparente 
de prometida del Misterio ; el Ciclo 
estaba vivo como un alma ! ... el fcho, 
el velo blanco y temblador crecía 
ooino una blanca y tcmbUdon nata... 

En un gradual de intensidades aparecen versos más 
valederos: 

Fue un abismo de luz cada Bagando, 

el límpido silencio se creería 

lia voz de Dios que se exphcara al Mundo I,*. 

Hasta darnos lo suyo: 

Como cayó en tus brazos mi alma berida 

por todo el Mal y todo el Bien; mi alma 

un fruto milagroso de la Vida 

forjado a boI y madurado en Bombra, 

acogíase a tí como a una palma 

de luz en el desierto de la Sombra! , • . 

No en razón de sus valores, sino por el tema y por 
el estado de alma que allí se da evocamos esta com- 
posición. Así como otras a que nos hemos referido, 
que dan lo confesional de Delmira Agustini en prime- 
ros planos^ aunque siempre resplandece, súbitamente, 
entre los desniveles o el declinar retórico, un fuerte 

xxxm 



3 



PBOX-OGO 



toque de Poesía y de Ahna que nos conmueve y nos 
jerarquiza: 

Acogíase a tí como a una palma 

de luz en el desierto de la Sombra!. . 

De allí volvemos a las libres, misteriogas y origi- 
nalísimas expresiones en que da, sin quebrantar el 
misterio^ la esencia de su ser simbólico: 

Yo soy el cisne errante de los sangrientos rastros, 
voy mancbando los lagos y remontando el vuelo. 

o en su Ceguera: 

Me abismo en una rara ceguera luminosa 

o en aquel pasaje de El Rosario de Eras: 

Lejos como en la muerte 
siento arder una vida vuelta siempre hacia mí, 
fuego lento hecho ojos insomnes» más que iuerte 
SI de su allá msondable dora todo mi aquí. 
Sobre tierras y mares su horizoDte es mi ceño, 
como un cisne sonámbulo duerme sobre mi sueño 
y es su paso velado de distancia y reproche 
el seguimiento dulce de los perros sm dueño 
que han roído ya el hambre» la tristeza y la noche 
y arrastran bu eadena de miaterio y ensuefio. 

Amor de luz, un río 

que el camino de cristal del Bien, 

|Tú me lo d^ Bioa mío! 

Así como en el Ex Voto A una Cruz se mantiene en 
su carácter el símbolo de la cruz y hasta el estado de 
abna — a pesar de su acento circunstancial — , aquí 
aparece como retórico el título del poema, que se sal» 
va por su buena eufonía y por la sorpresiva ágil y 
rápida asociación de los dos términos. Pero se pa- 

XXXIV 



PROLOGO 



dece este arrancar a una palabra de su tradicional y 
santo linaje. Los subtítulos que siguen destacan el ar- 
tificio retórico (Cuentas de mármol; Cuentas de lue- 
go; Cuentas de luz; Cuentas falsas) aunque a pesar 
del artificio la estructura de los versos» la originalidad 
de la imagen, y la pasión intensa del ser confieren al 
Poema una categoría innegable, 

Y €9 otra vez esta ansiedad de expresión que ya dijo 
en Lo inefable y que en Mi plinto golpea con insisten- 
cia en un clamor reiterado, tan sentido y fuerte, a tra- 
vés de los imperativos violentos, a través del verbo en 
acción, que las palabras duras — labrad, creced. • . — 
se hacen ágiles y mueven al verso. Aquí, como en otros 
poemas de Delmira Agustini '^las formas que pesan 
y las formas que vuelan" resplandecen en la composi- 
ción, como en el sueño arrebatado y en las firmes es- 
tructuras plásticas del Greco. 

£n un gradual se intercalan las simétricas estrofas: 

Labrad, labrad, ¡oh, manos' 
Creced, creced, |oh, piedras 1 
Ya me embnaga un gloiiogo 
aliento de palmeras. 

Labrad, labrad, |ob, manos! 
Creced, creced, ¡oh, piedras! 
Ya me abrazan loa brazos 
del Tiento de la sieira. 



Labrad, labrad, ]oh, manoe! 
Creced, creced, [oh, piedras! 
¡Ya siento una celeste 
serenidad de estrella! 

¿Qué busca, con una tensión ardiente que no que- 
branta BUS limites formales? ¿Hacia qué honduras del 
Amor y la Muerte va este paso cantante y solitario? 

Yo iba sola al Misterio bajo un sol de locunu 



XXXV 



PROLOGO 



¿Qué es esa Barca Milagrosa^ con "prora de cente- 
lla", movida por "el gran ritmo de un corazón san- 
griento de vida sobrehumana?*' Las indicaciones, ple- 
nas de gracia poética y de muaicalidad, no aclaran el 
misterio: 

La cargaré de toda mi tristeza, y, sin rumbo, 
iré como la rota corola de un nelumbo, 
por sobre el honzonte líquido de la mar. . 

Y ella sigue sosteniendo, entre palabras e imágenes 
concretas e indefinidas alusiones, tensión, misterio, me- 
lodía y orden formal. 

Barca, alma hermana; hacia qué tierras nunca vistas, 
de hondas revelaciones» de cosas imprevistas 
iremos?... Yo ya muero de vivir y soñar... 

Alguna vez es más claro el sentido. Cuando, por 
ejemplo, dice la angustia por la expresión en Lo ine" 

fahle. En todos esos poemas vive con ardiente pulso el 
deseo de pasar sus limites, de trascender su ser sim- 
bólico. 

Quizá más que en ninguno de los cantos en aquel 
en que nos dice de: 

Otra estirpe aublimemente loca. 

¿Sabe ella qué es esta estirpe? ¿Podemos saberlo 
nosotros? ¿Podemos saber el sentido de su poema 
Fiera de Amor? . , . 

Y este angustioso no saber, este misterio sostenido 
y entero es paralelo a la fuerza expresiva, adecuada 
para decir tal angustia, para despertar tal angustia, 
según el poderío singular de la autora sobre sus me* 
dios. 

XXXVI 



PROLOGO 



De ese poderío hay muchos eignos en la obra de 
Delmira Aguslini. Desde la tensión a que nos referi- 
mos y la victoriosa estructura formal que esa tensión 
no rompe, la adecuación de los medios resplandece en 
todos los poemas y puede estudiarse con goce estético 
o en riguroso ejercicio aleccionador. Y es, por ejem* 
pío, cuando la autora logra dar la lejanía, la perspec- 
tiva de Arte necesaria, y hasta la dimensión del tiem- 
po en aquella evocación de un alma dócil, de Los re- 
licanos dulces: 

Hace tiempo, algún alma ya borrada fue mía . 



El metro, en primer término, y luego todos los va- 
lores sonoros, se sitúan en niveles de una adecuación 
misteriosa, que agrega a la explícita confesión ele- 
mentos bellos en sí, y además intensamente sugerido- 
res. Tal adecuación de los medios del verso nos recuer- 
da alguna Tez a la adecuación estricta, en particular 
la del metro, que Darío utiliza para dar sensación de 
pasado y de dilatado espacio en AÜá lejos, 

Y volvemos a asombrarnos del valor de los medios 
estíliscos en Delmira Agustini, cuando además de la 
adecuación percibimos la victoria de la forma en los 
trances violentos del ser. La angustia no turba el or- 
den de la composición. La lucidez más viva rige la for- 
ma, se mantiene a través del vuelo, del pasaje abismal, 
de las más sombrías zonas psicológicas, reveladas según 
líneas que no se turban; según palabras e imágenes 
que no se desdibujan. Ejemplo notable encontramos 
en Las estatuas o en Plegaria, Son ejemplos singula- 
res, por lodo lo que en ellos hay de forma escultórica, 
de evocación escultórica, de estirpe parnasiana. Pero 
también se da el milagro de la victoria formal en las 



xxxvn 



PROLOGO 



composiciones de dominante línea musical, ligadas a 
la estética simbolista. Como en los hermosos versos 
con que comienza un poema sometido luego a decli- 
nación pero siempre recordado con encanto: 

Sobre el mar que los cielos del Ensueño retrata 
alza mi torre azul su capitel de plata 



Paralelo al simbolismo de su ser corre el simbolis- 
mo original y logrado, en doble luz y sombra, en velo 
y desnudez y — siempre — en misterio radiante 

A veces la comparación se sitúa en un plan de más 
claridad^ de concepciones más ligadas a lo normal, 
habitual: 

Preparadme una barca como un gran pensamiento 

Todo parece aquí fácil, apacible, directo; hasta la 
intención inocenle de denominar la barca con nom- 
bres casi familiares. Pero súbitamente, el dibujo cla- 
ro, los límites precisos se tornan nuevo símbolo, nue- 
va imagen de oscuro destino: 

Iré como la rota corola de un nelumbo, 

Y los oscuros versos que siguen . . . 

Esta transición súbita y sorprendente aparece en 
muchos poemas: por ejemplo: A tus manos^ Tu re' 
trato, y les confiere trascendencia y valor. A veces ea 
un adjetivo inesperado el elemento que irrumpe: 

Amor, la noche estaba trágica y sollozante 

Sí, la noche trágica; la noche sollozante; el amor, 
una mancha de luz y de frescura; los ojos de diaman- 
te.,. ¿Qué noche es esta tan extrañamente definida, 



XXXVIII 



PROLOGO 



y tan misteriosa e indefinida? Podría ser como aque- 
lia ''noche de todas las noches del año" que canta Poe 
con expresión en que la vaguedad no nos traba para 
distinguir tal noche y oscuramente — sólo oscuramen- 
te saberla. 

Amor, la noche estaba trágica y sollozante 

Esta relación entre misterio y forma, entre simbo- 
lismo del ser y medios estilísticos, se vinculan a la pre- 
sencia^ en el proceso de Arte, de todo el mundo psico- 
lógico del creador. Mundo cada vez concebido en más 

amplitud según la afirmación de que existe una psicolo- 
gía profunda, que el psicoanálisis investiga, y una 
'^psicología de las alturas'': la sohreconciencia. 

De la psicología profunda, de los repliegues más 
oscuros e indefinidos del sueño, nos lleva el poeta a 
una nítida luz, que seguramente se vincula con su so- 
breconciencia. Entre esas zonas se realiza la creación 
artística y adquiere su totalidad, expresando, al fin, 
el grado pleno del carácter simbólico de la persona 
creadora; su significación en el Arte y en la Vida, 

Hasta que '^psicología profunda*' y "psicología de al- 
tura" no se separan. Todo límite queda borrado, y ya 
su Ceguera es la nuestra: 

Me abismo en una rara ceguera luminosa 

Verso en que el calificativo agrega una intensidad 
y una riqueza inapreciables; y otra vez el misterio de 

la creación se levanta para envolvemos en una atmós- 
fera absolutamente ideah lejos de toda la realidad, 
más allá de los medios estilísticos. 

No sé.,. 

Rara ceguera que me borras el mundo, 
estrella* casi alma, con que atsciendo o me hondo: 
dame tu luz y vélame eternamente el mundo! 

XXXIX 



FROIiOGO 



En indecible trance tjue apenas se señala como un 
atisbo de lo sobrenatural en la zona en que lo sobre- 
conciente se da a su último vuelo: 

Dame tu luz y vélame eternamente el mundo! 

Verso con el que se cierra esta Antología, 



Pueden estudiarse en estos poemas los rasgos esti- 
lísticos, las relaciones con las diversas escuelas: la pre- 
sencia de las facultades del ser en el lenguaje y en loa 
temas; la originalidad de las imágenes. 

El sentimiento, el impulso erótico, las ideas, las sen- 
saciones se dan con una intensidad que llega a veces 
a la violencia. Y esa violencia los lleva a una entidad 
que está fuera de lo real, en un oscuro registro en que 
lo sobrehumano se expresa con adecuados, originales 
medios, entre los que cuentan sobre todo la imagen^ 
la alegoría, el símbolo. 

La Muerte y el Amor aparecen juntos en su poesía, 
muchas veces de modo explícito, como en su ofrenda 
a Eros en el comienzo de Los Cálices Vacíos: 

Porque emerge en tu mano bella y fuerte 



£1 más embriagador lis de la Muerte. 

Amor y Muerte se ciernen como una sola nube ra- 
diante y sombría en aquel momento de su boda, cuan- 
do una voz pide al oficiante que una bien a esos do8 
seres, de modo tal que queden unidos hasta la Muer- 
te. . . Nube sombría en su último atardecer de la tie- 
rra^ cuando el Amor y la Muerte se llevan, desde el 
abandonado tiempo, a las dos criaturas, hasta un mis- 



PRO LOGO 



terioso tiempo sin tiempo, en que la misericordia divi- 
na los mirará. . , 

Esta doble presencia de los dos temas — Amor y 
Muerte — se relaciona con la tendencia romántica a 
tal asociación; pero va más allá; se abisma en un cli- 
ma metaíisico en que la Muerte y el Amor están sen- 
tidos y cantados en niveles de trascendencia inaudita^ 

Todos los rasgos de la sensibilidad y del sentimiento 
llegan a esoa niveles, y es sobre lodo la imagen la 
que les confiere tal trascendencia» aunque todos los 
medios estéticos convergen en el proceso de creación 
de los poemas. 

De ese asomarse a las misteriogas simas, al abismal 
misterio, proceden los acentos de la angustia en esta 
poesia, así como en la de María Eugenia Vaz Fe- 
rreira. Error fue atribuir a ésta una relación de la 
angustia con el pensamiento, tal como una vez se ha 
planteado. 

En la poesía de María Eugenia Vaz Ferreira, como 
en la de Delmira. no hay ideas, por lo menos de un 
modo dominante. En alguna composición dice Delmi- 
ra, asomándose al cruel riesgo que significa la expre- 
sión de las ideas para la Poesía, algo que piensa sobre 
temas diversos próximos a su vida y obra. En Rebc' 
lión, por ejemplo: 

La rima es d tirano empurpurado, 

Quiere decimos algo así como su teoría poética y 
nos recuerda algún ejemplo insigne — Verlaine en 
Arte Poética, * . 

£1 elemento intelectual que podemos encontrar en 
esta obra como en toda gran Poesía, es la idea de 
composiciórif ^Ua más musical de las ideas'', que dijo 

XU 



PROIiOQO 



Schiller. Y es poderosa en Delmira, asegurando la » 
trurtura del verso en todos lo$ trances, en todas las 
tensiones inauditas de su experiencia. 

Y ella misma en su nota ^*A1 lector'*, sobre Lo$ As^ 
tros del Abismo, establece, como criterio de valora- 
ción, que sus libros "han sido sinceros y poco medi- 
tados" — incurriendo quizá en una '^falacia de falsa 
oposición'* — y que "Los cálices vacíos" . . . constituyen 
el más sincero, el menos meditado y el más queri- 
do" . , . Quizá huella de la tendencia romántica hacia 
una valorización de lo expon táneo, superada en nues- 
tra época por la bella exigencia de Juan Ramón Ji- 
ménez: "Lo expontáneo sometido a lo consciente: es 
el solo Arte''. 

Delmira Agustini tiende a la expresión del ser des- 
nudo. Dice de sí y queda un secreto: el misterio de su 
ser ligado a un destino extraño. 

Ni la documentación profusa; ni la confesión en los 
poemas; ni la ^^sinceridad" a que ella misma alude 
en su breve nota; ni la crónica urgadora de anécdo- 
tas; ni la iconografía expresiva han llegado a develar 
ese misterio, signo verdadero de su alta Poesía, El 
asoma alguna vez en los poemas: una imagen concre- 
ta y resplandeciente; un melodioso acierto en que se 
dan — ya como en los simbolistas — equivalentes en- 
tre la realidad íntima y los valores sonoros del len- 
guaje. Asoma sí, con una intuitiva cautela o un paso 
trabado. Pero luego se nos esconde. Y quedamos otra 
vez en el umbral del alma de Dehnira Agustini, cuya 
vida y cuya muerle son secretas, como secreto es, en 
última instancia, su verso, a pesar de las zonas de 
tan sincera entrega, verso que se somete a los rigores 
de un Arte cuyo poder — en los mejores momentos 



PROLOGO 



mágicos — de este libro, construye^ limita, dibuja, 
canta con seguro acento. 

Como el poeta ciego de la gran tradición, como el 
poeta ciego del inmortal diálogo platónico, ella sigue 
cantándonos misterio y noche: 

No sé 

Rara ceguera que me borras el mundo, 

estrella^ casi alma, con que asciendo o me hundo: 

dame tu luz y vélame eternamente el mundo! 



Recuerdo ahora un diálogo matinal con Gíovanni 
Papini, en su casa^ al pie de una colina romana. Era 
un diálogo inútil, entre dos personas que jamás po- 
drían entenderse. En cierto momento él me habló de 
la "poesía femenina" con una acento despectivo que 
estaba muy en su modo. Inútiles mis protestas sobre 
tal caracterización de la Poesía. Luego, desde Ra- 
vena, sin poder librarme del njalestar de tales desen- 
tendidos, junto a la silenciosa y bien custodiada tum- 
ba del Dante, le escribí discutiendo los diversos pun- 
tos oscuros del diálogo. 

Y entre otras cosas le decía que — previo el recha- 
zo de la expresión "poeaía femenina" — en mi país 
algunas mujeres habían escrito poemas dignos de res- 
plandecer en las mejores antologías del mundo. 

Pensaba entonces, insistentemente, en algunos versos 
de Delmira Agustini* Sigo pensando asi ante la selec- 
ción que en este libro se da. 

Esther de Cáceres* 



XLUl 



DELMIRA AGÜST2NI 



Nace CD Montevideo el 24 de octubre de 1886, hija de San- 
tiago Agustini, uruguayo descendiente de corsos franceses, 7 
de María Murtfeldt, argentina de ascendencia alemana y fran- 
cesa, aiendo bautizada en la Catedral de la nusma ciudad. 

No cursa estudios legulaivs, recibiendo su instrucción de 
sus propios familiares y de maestros privados» Su padre la 
inicia en la pintura asistiendo luego al taller de Domingo La- 
porte, El idioma francés lo estudia con Mlle, Magdalame Cassy 
y más tarde con Constant Willems. El piano con la Sra Ma- 
ría Sansevé de Roídos, Mme. Bemporat y finalmente el Prof. 
Martín López 

Ordenada y apacible transcurre gran parte de su existencia, 
rodeada de un gran número de amigas y ainigns, entre los 
cuales figuran: María Amalia Ramírez de Blixen, Delmira 
Tnaca de Conrado, María Eugenia Vaz Ferreira, AnJré Giol 
de Badet, Alberto Zum Felde y Roberto d<^ la^ Carreras. 

Muy tempranamente compone sus primeras poesías y luego, 
en 1902, comienza a publicar en revistas y periódicos nacio- 
nales y extranjeros, tales como "Rojo y Blanco". "La Petitc 
Revue", "La Alborada", "Apolo'*, "Bohemia", "El Hispano 
Americano", "La Semana", "La Razón", "Fray Mocho", "Cara» 
y Caretas" y otros, trabajos en prosa v verso. En 1907, se edita 
su primer libro de poesías. El libro blanco^ Montevideo, O M. 
Bertani, más tarde Cantos de la mañana, Montevideo, 0< !ftf. 
Bertani, 1910 y finalmente Los cálices vacíos^ Montevideo, 
O. M. Bertani, 1913. Deja en preparación Loa astros del abismo. 

Contrae matrimonio con Enrique Job Reires el 14 de agosto 
de 1913, de quien se separa al poco tiempo iniciando trámites 
de divorcio. El 6 de julio de 1914 fallece trágicamente en 
Montevideo» 

Luego de su muerte se efectuaron varias ediciones de sua 
obras de las cuales las más importantes son: Obras completas^ 
T. L "El rosario de Eros". T. IL "Los astros del abismo", Mon- 
tevideo, Maximino García, 1924: Paenn% Montevideo, Claudio 
García y Cía., 1939 (Biblioteca "Rodó", Nros. 46-47); Obras 
poéticas Edición Oficial, Montevideo, Ministerio de Instruc- 
ci¿n Pública, 1940, con prólogo de Raúl Montero Bustamante, 
y Poesías completan. Prólogo y selección de Alberto Zom Felde» 
Buenos Aires, £d. Losada, 1944. 



XUV 



CRITERIO DE LA EDiaON 



La mayor parte de los poemas que integran la preBente 
Antología, fueron cotejadoa con loa que figuran en Los cáU' 
ees vacíos, Montevideo, O, M. Bertani» 1913, último libro pu- 
blicado en vida de la autora, coneervándoae en eUos fielmente 
la puntuación y d empleo de los ligzxos admiratiTos e interio* 
gativos. 

Laa poesías: "En ^ camino**, "Serpentína" y "Mi plinto** 
que no figuran en la citada colección, están corregidaB confor* 
me al teito que da d& ellas Obras completas T. L **E1 rosario 
de Eros", Montevideo, M García, 1924, Para el poema "Mi 
plinto", se ha recurrido además a la versión pulilicada en la 
revista ''Fray Mocho**, año III, 97, Buenos Aires, marzo 
6 de 1914. 

En cuanto a la acentuación, se han seguido las nuevas nor- 
mas de la Academia Española. 



ANTOLOGIA 



ANTOLOGIA 



LO INEFABLE 



Yo muero extrañamente. . , No me mata la Vida, 
No me mata la Muerte, no me mata el Amor; 
Muero de un pensamiento mudo como una herida. . . 
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor 

De un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida. 
Devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor? 
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida 
Que 03 abrasaba enteros y no daba un fulgor?... 

[3] 

4 



DELMIRA AGUSTINI 



Cumbre de los Martirios L.. Llevar eternamente, 

Desgarradora y árida, la trágica simiente 
Clavada en las entrañas como im diente feroz! . . . 

Pero arrancarla un día en una flor que abriera 
Milagrosa, inviolable!*.. Ah, más grande no fuera 
Tener entre las manos la cabeza de Dios! 



[4] 



LA BARGA MILAGROSA 



Preparadme una barca como un gran pensamiento . 
La llamarán 'Xa Sombra" unos, otros 'Xa Estrella." 
No ha de estar al capricho de una mano o de un viento: 
Yo la quiero consciente^ indominable y bella! 

La moverá el gran ritmo de un corazón sangriento 
De vida sobrehumana; he de sentirme en ella 
Fuerte como en los brazos de Dios ! En todo viento. 
En todo mar templadme su prora de centella! 



£5] 



I>ELMIRA AGU5TINI 



La cargaré de toda mi tristeza, y, sin rumbo. 
Iré como la rota corola de un nelumbo, 
Por sobre el horizonte líquido de la mar. . . 

Barca, alma hermana; hacia qué tierras nunca vistas, 
De hondas revelaciones, de cosas imprevistas 
Iremos? . . . Yo ya muero de vivir y soñar. . , 



[6] 



ANTOLOGIA 



UN ALMA 



Bajo los grandes cielos 
Afelpados de sombras o dorados de soles. 
Arropada en el manto 
Pálido y torrencial de mi melancolía, 
Con una astral indiferencia miro 
Pasar las intemperies. . . 



t7J 



DELMISA AGUSTINI 



Ceños 

De los reconcentrados horizontes; 

Aletazos de fuego del relámpago; 
Deshielos de las nubes; 
Fantásticos tropeles 
Desmelenados de los huracanes; 
Pórticos esmaltados de los iris, 
Abiertog a las fúlgidas bonanzas: 
Pasad 1 ... Yo miro indiferente y fija, 
Indiferente y fija como un astro! 



[8] 



ANTOLOGIA 



LAS CORONAS 



, . . ¿Un ensueño entrañable?. , . ¿Un recuerdo 

[profundo? . . . 
¡Fue un momento supremo a las puertas del Mundo! 

El Destino me dijo maravillosamente: 
— Tus sienes son dos vivos engastes soberanos: 
Elije una corona, todas van a tu frente! — 
Y yo las vi brotar de las fecundas manos. 



DELMIRA AGUSTINI 



Floridas y gloriosas, trágicas y brillantes! 
Más fría que el marmóreo cadáver de una estatua, 

Miré rodar espinas, y flores, y diamantes, 
Como el bagaje espléndido de una Quimera fatua. 

Luego fue un haz luciente de doradas estrellas; 
— Toma! — dijo — son besos del Milagro, entre ellas 
Florecerán tus sienes como dos tierras cálidas!... 

« « .Tal pupilas que mueren, se apagaron rodando. • , 
Yo me interné en la Vida, dulcemente, soñando 
Hundir mis sienes iértiles enbre toa manos pálidas! . « • 



[10] 



ANTOLOGIA 



LOS REUCARIOS DULCES 



Hace tiempo, algún alma ya borrada fue nda. 
Se nutrió de mi sombra. . . Siempre que yo quería 
El ahanico de oro de su risa se abría, 

O su llanto sangraba una corriente más; 

Alma que yo ondulaba tal una cabellera 
Derramada en mis manos... Flor del fuego y la cera.. 
Murió de una tristeza mía. . . Tan dúctil era. 

Tan fiel, que a veces dudo si pudo ser jamás. . . 



ANTOLOGIA 



INEXTINGUIBLE... 



Oh tú que duermes tan hondo que no despiertas! 
Milagrosas de vivas, milagrosas de muertas, 
Y por muertas y vivas eternamente abiertas, 

Alguna noche en duelo yo encuentro tus pupilas 

Bajo un trapo de sombra o una blonda de luna* 
Bebo en ellas la Calma como en una laguna. 
Por hondas» por calladas, por buenas, por tranquilas 

Un lecho o una tumba parece cada una. 



[18] 



OFRENDANDO £L LIBRO 



A EROS 



Porque haces tu can de la leona 
Más fuerte de la Vida, y la aprisiona 
La cadena de rosas de tu brazo. 

Porque tu cuerpo es la raíz, el lazo 

Esencial de los troncos discordantes 
Del placer y el dolor^ plantas gigantes. 



1151 



DELBORA AGUSnm 



Porque emerge en tu mano bella y fuerte. 
Como en broche de místicos diamantes 
El máa embriagador hs de la Muerte. 

Porque sobre el Espacio te diviso^ 
Puente de luz, perfume y melodía, 
Comunicando infierno y paraíso. 

— Con alma fúlgida y carne sombría, . . 



[16] 



AMTOIiOeiA 



EL INTRUSO 



Amor, la noche estaba trágica y sollozante 
Cuando tu Dave de oro cantó en mi cerradura; 

Luego, la puerta abierta sobre la sombra helante. 
Tu forma fue una mancha de luz y de blancura. 

Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante; 
Bebieron en mi copa tus labios de frescura, 

Y descansó en mi ahnohada tu cabeza fragante; 
Me encantó tu descaro y adoré tu locura. 



[17] 



imuyORA AGUSTINI 



Y hoy río si tú ries, y canta sí tú cantas; 

Y sí tú duermes duermo como un perro a tus plantas! 
Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera; 

Y tiemblo si tu mano toca la cerradura, 

Y bendigo la noche sollozante y oscura 

Que floreció en mi vida tu boca tempranera I 



[13] 



ANTOLOGIA 



TU BOCA 



Yo hacía una divina labor, sobre la roca 
Creciente del Orgullo* De la vida lejana. 
Algún pétalo vivido me voló en la mañana, 
Algún beso en la noche. Tenaz como una loca. 
Seguía mi divina labor aobre la roca, 

Cuando tu voz que funde como sacra campana 

En la nota celeste la vibración humana, 
Tendió su lazo de oro al borde de tu boca; 



5 



119} 



DELMIRA AGUSTINI 



— ^Maravilloso nido del vértigo, tu boca! 
Dos pétalos de rosa abrochando un abismo, • • — 

Labor, labor de gloria, dolorosa y liviana; 
¡Tela donde mi espirita se fue tramando él mismo! 
Tú quedas en la testa soberbia de la roca, 

Y yo caigo sin fin en el sangriento abismo! 



[26] 



ANTOLOOIA 



¡OH, TU! 



Yo vivía en la torre inclinada 
De la Melancolía». • 

Las arañas del tedio, las arañas más grises» 
En silencio y en gris tejían y tejían. 

¡ Oh la húmeda torre! . . . 
Llena de la presencia 
Siniestra de un gran buho» 
Como un alma en pena; 



[21] 



DEOtfIRA AGT7STINI 



Tan mudo que el Silencio en la torre es dos veces; 
Tan triste, que sin verlo nos da frío la inmensa 
Sombra de su tristeza. 

Eternamente incuba un gran huevo infecundo, 
InciTUStadas las raras pupilas más allá; 
O caza las arañas del tedio» o traga amai^os 
Hongos de soledad. 

El buho de las ruinas ilustres y las almas 
Altas y desoladas! 

Náufraga de la Luz yo me ahogaba en la sombra. • • 
En la húmeda torre, inclinada a mi misma, 
A veces yo temblaba 
Del horror de mi sinuu 

¡Oh Tú que me arrancaste a la torre más fuerte! 
Que alzaste suavemente la sombra como un velo, 
Que me lograste rosas en la nieve del alma. 
Que me lograste llamas en el mármol del cuerpo; 
Que hiciste todo im lago con cisnes, de mi lloro. , * 
Tú que en mí todo puedes, 
En mí debes ser Dios! 

De tus manos yo quiero hasta el Bien que hace mal*. 

Soy el cáli2 brillante que colmarás, Señor; 

Soy, caída y erguida como un Urio a tus plantas» 

Más que tuya, mi Dios! 

Perdón, perdón si peco alguna vez» soñando 

Que me abrazas con alas ¡todo mío! en el SoK • , 



[asi 



ANTOLOGIA 



FUE AL PASAR 



Yo creí que tus ojos anegaban el mundo... 
Abiertos como bocas en clamor. . . Tan dolientes 
Que un corazón partido en dos trozos ardientes 
Parecieron... Fluían de tu rostro profundo 

Como dos manantiales graves y venenosos . . • 
Fraguas a fuego y sombra tus pupilas ! . « . tan hondas 
Que no sé desde dónde me miraban^ redondas 
Y oscuras como mundos lontanos y medrosos. 



[23] 



DELMniA AGUSTTNI 



jAh tus ojos tristísimos como dos galerías 
Abiertas al Poniente! ... Y las sendas sombrías 
De tus ojeras donde reconocí mis rastros! , . « 

Yo envolví en un gran gesto mi horror como en un velo, 
Y me alejé creyendo que cuajaba en el cielo 
La medianoche húmeda de tu mirar sin astros! 



1243 



ANTOLOGIA 



AMOR 



Yo lo soñé impetuoso, formidable y ardiente; 
Hablaba el impreciso lenguaje del torrente; 
Era un mar desbordado de locura y de fuego. 
Rodando por la vijía como un eterno riego. 

Luego 5oñéio triste, como un gran 90I poniente 
Que dobla ante la noche la cabeza de fuego; 
Después -rió, y en su boca tan tierna como un ruego. 
Sonaba sus cristales el alma de la fuente. 



[251 



]>£LMIRA AGUSTINI 



Y hoy sueño que es vibrante, y suave, y riente, y triste, 
Que todas las tinieblas y todo el iría viste; 
Que, frágil como un ídolo y eterno como Dios, 

Sobre la vida toda su majestad levanta: 
Y el beso cae ardiendo a perfumar su planta 
En una flor de fuego deshojada por dos. « . 



ANTOLOGIA 



EXPLOSION 



Si la vida es amor, bendita sea! 
Quiero más vida para amar! Hoy siento 
Que no valen mil año$ de la idea 
Lo que un minuto azul del sentimiento. 

Mi corazón moría triste y lento, . » 
Hoy abre en luz como una flor febea; 
¡La vida brota como un mar violento 
Donde la mano del amor golpea! 



£27] 



DELMIRA AGUSTESri 



Hoy partió hacia la noche, triste, fría 
Rotas laa alas mi melancolía; 
Como una vieja mancha de dolor 
En la aombra lejana se deslíe, , , 
Mi vida toda canta, besa, ríe! 
Mi vida toda es una boca en flor! 



[281 



ANTOLOGIA 



EN TUS OJOS 



Ojos a toda luz y a toda sombra! 
Heliotropos del Sueño! Plenos ojos 
Que encandiló el Milagro y que no asombra 
Jamás la vida. . . Eléctricos cerrojos 
De profundas estancias; claros broches, 
Broches oscuroa, húmedos, temblanteSj 
Para un collar de días y de noches. , • 
Bocas de abismo en labios centelleantes; 



[291 



DELMIRA AGUSTIN! 



Natas de amargas mares nunca vistas; 
Claras medallas; tétricos blasones; 
Capullos de dos noches imprevistas 

Y madreperlas de constelaciones. . . 

¿Sabes todas las cosas palpitantes^ 
Inanimadas, claras, tenebrosas, 
Dulces, horrendas, juntas o distantes. 
Que pueden ser tus ojos? . , , Tantas cosas 

Que se nombraran infinitamente! . . « 
Maravilladas veladoras mías 

Que en fuego bordan visionariamente 
La trama de mis noches y mis días! . . , 
Lagos que son también una corriente, . . 

Jardines de los iris! devorados 
Por dos fuentes que eclipsan los tesoros 
Sombríos más sombríos, más preciados. • . 
Firmamentos en flor de meteoros; 

Fondos marinos, cristalinas grutas 
Donde se encastilló la MaraviUa; 
Faros que apuntan misteriosas rutas. . . 
Caminos teooblorosos de una orilla 

Desconocida; lámparas votivas 
Que se nutren de espíritus humanos 

Y que el milagro enciende; gemas vivas 

Y hoy por gracia divina, ¡siemprevivas! 

Y en el azur del Arte» astros hermanos! 



1301 



ANTOLOGIA 



DE "ELEGIAS DULCES" 
I 

Hoy desde el gran camino, bajo el sol claro y fuerte, 
Muda como una lágrima he mirado hacia atrás, 

Y tu voz, de muy lejos, con un olor de muerte, 
Vino a aullarme al oído un triste "¡Nunca más!" 

Tan triste que he llorado hasta quedar inerte. , . 
¡Yo sé que estás tan lejos que nunca volverás! 
No hay lágrimas que laven los besos de la Muerte. ♦ . 
— ^Almas hermanas mías, nunca miréis atrás! 



[31] 



DELMIRA AGUSTINI 



Los pasados se cierran como los ataúdes; 
Al Otoño^ las hojas en dorados aludes 
Ruedan... y arde en los troncos la nueva floración».. 

— . ► .Las noches son caminos negros de las auroras « , 
Oyendo deshojarse tristemente las horas 
Dulces, hablemos de otras flores al corazón. 

II 

Pobres lágrimas mías las que glisan 
A la esponja sombría del Misterio, 
Sin que abra en flor como una copa cárdena 
Tu dolorosa boca de sediento! 

Pobre mi corazón que se desangra 
Como clepsidra trágica en silencio, 
Sin el milagro de inefables bálsamos 
En las vendas tremantes de tus dedos! 

Pobre mi alma tuya acurrucada 
En el pórtico en ruinas del Recuerdo, 
Esperando de espaldas a la vida 
Que acaso un día retroceda el Tiempo! . , . 



[32] 



ANTOLOGIA 



EN EL CAMINO 



Yo iba «ola al Misterio bajo un sol de locura, 
Y tú me derramaste tu sombra, peregrino ; 

Tu mirada fue buena como una senda oscura, 
Como una senda húmeda que vendara el camino. 

Me fue pródiga y fértil tu alforja de ternura: 
Tuve el candor del pan, y la llama del vino; 

Mas tu alma en un pliegue de su astral vestidurap 
Abrojo de oro y sombra se llevó mi destino* 



[33] 



nEIiMERA AGUSTINI 



Mis manos, que tus manos abrigaron, ya nunca 
Se enfriarán, y guardando la dulce malla trunca 
De tus caricias ¡nunca podrán, acariciar! . . • 

En mi cuerpo, una torre de recuerdo y espera 
Que se siente de mármol y se sueña de cera^ 
Tu Sombra logra rosas de fuego en el hogar; 
Y en mi alma, un castillo desolado y sonoro 
Con pátinas de tedio y humedades de lloro, 

¡Tu sombra logra rosas de nieve en el hogar! 



[MI 



SERPENTINA 



En mis sueños de amor, ¡yo soy seipiente! 
Gliso y ondulo como una corriente; 
Dos pildoras de insomnio y de hipnotismo 

Son mis ojos; la punta del encanto 
Es mi lengua. . . ¡y atraigo como el llanto I 

Soy un pomo de abismo. 

Mi cuerpo es una cinta de delicia, 
Glisa y ondula como una caricia. . . 



[3S] 



DELMIRA AGUSTINI 



Y en mÍB sueños de odio, ¡soy serpiente! 
Mi lengua es una venenosa fuente; 
Mi testa es la luzbélica diadema, 
Haz de la muerte, en un fatal soslayo 
Son mis pupilas; y mi cuerpo en gema 
¡& la vaina del rayo! 

Si así sueño mi carne, así es mi mente: 

Un cuerpo largo, largo de serpiente, 
Vibrando eterna, ¡voluptuosamente! 



[36] 



NOCTURNO 



Fuera, la noche en veste de tragedia solloza 
Como una enorme viuda pegada a mis cristales* 

Mi cuarto : . . . 
Por un bello milagro de la luz y del fuego 
Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras: 
Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices» 
Y es tan vivida y cálida tan dulce que me creo 
Dentro de un corazón. . . 



t37] 



DELIOBA. AOITSTINI 



Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso 
Como flor de inocencia» 
Como espuma de vicio! 

Esta noche hace insomnio; 
Hay noches negras, negras, que llevan en la frente 
Una rosa de sol. . . 

En estas noches negras y claras no se duerme* 

Y yo te amo. Invierno! 
Yo te iniagino viejo. 
Yo te imagino sabio, 

Con un divino cuerpo de mármol palpitante 

Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo. 

Invierno, yo te amo y soy la primavera. • . 

Yo sonroso, tú nievas; 

Tú porque todo sabes, 

Yo porque todo sueño* . . 

. . . Amémonos por eso ! . « . 

Sobre mi lecho en blanco, 
Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia. 
Como espuma de vicio, 

Invierno, Invierno, Invierno, 

Caigamos en un ramo de rosas y de lirios I 



[88] 



ANTOLOGIA 



DESDE LEJOS 



En el silencio siento pasar hora trag hora, 
Como un cortejo lento, acompasado y frío... 
Ah! Cuando tú estás lejos mi vida toda Hora 
Y al rumor de tus pasos hasta en sueños sonrio. 

Yo sé que volverás, que brillará otra aurora 
En mi horizonte grave como un ceño sombrío; 
Revivirá en mis bosques tu gran risa sonora 
Que los cruzaba alegre como el cristal de un rio. 



DELMIRA AGUSTINI 



Un día, al encontramos tristes en el camino 
Yo puse entre tus manos pálidas mi destino! 
¡Y nada de más grande jamás han de ofrecerte! 

Mi alma es frente a tu alma como el mar frente al cielo; 

Pasarán entre ellas tal la somhra de un vuelo, 
La Tormenta y el Tiempo y la Vida y la Muerte! 



[40] 



ANTOLOGIA 



MI PLINTO 



Es creciente, di ríase 

Que tiene una infinita raíz ultraterrena • • .- 
Lábranlo muchas manos 

Retorcidas y negras, 
Con muchas piedras vivas, , . 
Muchas oscuras piedras 
Crecientes como larvas. 

Como al impulso de una omnipotente araña 
Las piedras crecen, crecen; 
Las manos labran, labran. 



[41] 



1>ELMIEA AGV5T1NI 



— ^Labrad, labrad, ¡oh, manos! 
Creced, creced, ¡oh, piedras! 
Ya me embriaga un glorioaa 
Aliento de palmeras. — 

Ocultas entre el pliegae más negro de la noche, 
Debajo del rosal más florido del alba. 
Tras el bucle más rubio de la tarde^ 
Las tenebrosas larvas 
De piedra crecen, crecen, 
Las manos labran» labran, 
Como capullos negros 
De infernales arañas. 

—Labrad, labrad, ¡oh, manos! 
Creced, creced, ¡oh, piedras! 
Ya me abrazan los brazos 
De viento de la sierra. — 

Van entrando los soles en la alcoba nocturna^ 
Van abriendo las lunas el camarín de nácar, . , 

Tenaces como ebrias 
De un veneno de araña 
Las piedras crecen, crecen, 
Las manos labran, labran* 

— Labrad, labrad, ¡oh, manos! 
Creced, creced, ¡oh, piedras! 
¡Ya siento una celeste 
Serenidad de estrella! 



[491 



ANTOLOGIA 



EL VAMPIRO 



En el regazo de la tarde triste 
Yo invoqué tu dolor . . . Sentirlo era 
Sentirte el corazón! Palideciste 
Hasta la voz, tus párpados de cera. 

Bajaron. . . y callaste. , . Pareciste 
Oír pasar la Muerte ... Yo que abriera 
Tu herida mordí en ella — ¿me sentiste? — 
Como en el oro de un panal mordiera! 



PEUmtA AGUSTINI 



Y exprimí más, traidora^ dulcemente 
Tu corazón herido mortaLoiente, 
Por la cruel daga rara y exquisita 
De un mal sin nombre, hasta sangrarlo en llanto! 
Y la& mil bocas de mi sed maldita 
^•'Ilgndí a esa fuente abierta en tu quebranto. 




qué fui tu vampiro de amargura?. « . 

¿Stí^ "flor o estirpe de una especie oscura 
Qd0 come llagas y que bebe el llanto? 



[44] 



ANTOLOGIA 



LA RUPTURA 



Erase una caáena fuerte como un destino, 
Sacra como una vida, sensible como un alma; 
La corté con un lirio y sigo mi camino 
Con la frialdad magnifica de la Muerte... Con calma 

Curiosidad mi espíritu se asoma a su laguna 
Interior, y el cristal de las aguas dormidas, 
Refleja un dios o un monstruo^ enmascarado en una 
Esfinge tenebrosa suspensa de otras vida& 



[45] 



ANTOLOGIA 



DIA NUESTRO 



— La tienda de la noche se ha rasgado hacia Oriente. — 
Tu espíritu amanece maravillosamente; 
Su luz entra en mi alma como el sol a un vergel. . « 

— ^Pleno soL Llueve fuego, — Tu amor tienta, es la gruta 

Afelpada de musgo, el arroyo, la fruta, 
La deleitosa íruta madura a toda mieL 



[47] 



PaSUrntA AGUSTINI 



— El Angelus. — Tus manos son dos alas tranquilas, 
Mi espíritu se dobla como un gajo de lilas, 

Y mi cuerpo te envuelve* . . tan sutil como un velo. 

— ^El triunfo de la Noche. — De tus manos, más bellas, 
Fluyen todas las sombras y todas las estrellas, 

Y mi cuerpo se vuelve profundo como un cielo! 



r48J 



AKTOI.OCIA 



ELQSNE 



Pupila azul de mi parque 
Es el sensitivo espejo 
De un lago claro, muy clarol . • . 
Tan claro que a veces creo 
Que en su cristalina página 
Se imprime mi pensamiento. 

Flor del aire, flor del agua. 

Alma del lago es un cisne 
Con dos pupilas humanas, 
Grave y gentil como un príncipe; 
Alas lirio, remos rosa. . . 
Pico en fuego, cueQo triste 

Y orgulloso, y la blancura 

Y la suavidad de un cisne, . . 



[40] 



DELMIRA AGUSriNI 



El ave Cándida y grave 
Tiene un maléfico encanto; 
— Clavel vestida de lirio. 
Trasciende a llama y milagro 1 , , , 
Sus alas blancas me turban 
Como dos cálidos brazos; 

Ningunos labios ardieron 

Como su pico en mis manos; 
Ninguna testa ha caído 
Tan lánguida en mi regazo; 
Ninguna carne tan viva» 
He padecido o gozado: 
Viborean en sus venas 
Filtros dos veces humanos! 

Del rubí de la lujuria 
Su testa está coronada; 

Y va arrastrando el deseo 
En una cduda rosada. . , 

Agua le doy en mis manos 

Y él parece beber fuego; 

Y yo parezco ofrecerle 
Todo el Váso de mi cuerpo. » « 

Y vive tanto en mis sueños, 

Y ahonda tanto en mi carne, 
Que a veces pienso si el cisne 
Con sus dos alas fugaces. 
Sus raros ojos humanos 

Y el rojo pico quemante. 
Es solo un cisne en mi lago 

O es en mi vida un amante. . . 

[W] 



ANTOLOGIA 



Al margen del lago claro 
Yo le interrogo en silencio»». 

Y el silencio es una rosa 
Sobre su pico de fuego . . . 
Pero en su carne me habla 

Y yo en mi carne le entiendo. 
— ^Aveces ¡toda! soy alma; 

Y a veces ¡toda! soy cueipo. — 
Hunde el pico en mi regazo 

Y se queda como muerto» . * 

Y en la cristalina página, 
En el sensitivo espejo 

Del lago que algunas veces 
Refleja mi pensamiento, 
£1 cisne asusta de rojo, 

Y yo de blanca doy miedo! 



7 



[51] 



ANTOLOGIA 




FIERA DE AMOR 



Fiera de amor^ yo sufro hambre de corazones* 
0e palomos^ de buitres, de corzos o leones. 
No hay manjar que más tiente, no hay más grato sabor. 
Había ya estragado mis garras y mi instinto, 
Cuando erguida en la casi uUralierra de un plinto, 
Me deslumhró una estatua de antiguo emperador. 

Y crecí de entusiasmo; por el tronco de piedra 

Ascendió mi deseo como fulmínea hiedra 
Hasta el pecho, nutrido en nieve al parecer; 
Y clamé al imposible corazón ... la escultura 
Su gloria custodiaba serenísima y pura. 
Con la frente en Mañana y la planta en Ayer. 



[531 



DELMZRA AGUSTINI 



Perenne mí deseo, en el tronco de piedra 
Ha quedado prendido como sangrienta hiedra; 

Y desde entonces muerdo soñancJo un corazón 
De estatua, presa suma para mi garra bella; 
No es ni carne ni mármol: una pasta de estrella 
Sin sangre, sin calor y sin palpitación. . » 

Con la esencia de una sobrehumana pasión! 



ANTOLOGIA 



OTRA ESTIRPE 



Eros yo quiero guiarte. Padre ciego « • « 
Pido a tus manos todopoderosas, 
Su cuerpo excelso deiranií^do en fuego 
Sobre mi cuerpo desmayado en rosas! 

La eléctrica corola que hoy desplego 
Brinda el nectario de un jardín de Esposas; 
Para sus buitres en mi carne entrego 
Todo un enjambre de palomas rosas l 

[55] 



DBLMIRA AGUSTINI 



Da a las dos sierpes de su abrazo, cnieles, 
Mi gran tallo febril. . . Absintio, mieles, 
Viérteme de sos venas, de su boca 

¡Así tendida soy un surco ardiente, 
Donde puede nutrirse la simiente, 
De otra Estirpe sublimemente loca! 



[56] 



ANTOLOCIA 



PLEGARIA 



— Eros: acaso no sentiste nunca 
Piedad de las estatuas? 
Se dirían crisálidas de piedra 
De yo DO sé qué formidable raza 
En una eterna espera inenarrable. 
Los cráteres dormidos de sus bocas 
Dan la ceniza negra del Silencio, 
Mana de las columnas de sus hombros 
La mortaja copiosa de la Calma, 
Y fluye de sus órbitas la noche; 
Víctimas del Futuro o del Misterio, 
En capullos terribles y magníficos 
Esperan a la Vida o a la Muerte^ 
Eros: acaso no sentiste nunc^a 
Piedad de las estatuas? — 



[57] 



DELMZRA AGUSTINI 



Piedad para las vidas 
Que no doran a fuego tua bonanzas 
Ni riegan o desgajan tus tormentas; 
Piedad para los cuerpos revestidos 
Del arminio solemne de la Calma, 
Y las frentes en luz que sobrellevan 
Grandes lirios marmóreos de pureza, 
Pesados y glaciales como témpanos; 
Piedad para las manos enguantadas 
De hielo, que no arrancan 
Los frutos deleitosos de la Carne 
Ni las flores fantásticas del alma; 
Piedad para los ojos que aletean 
Espirituales párpados: 
Escamas de misterio, 
Negros telones de visiones rosas . . . 
¡Nunca ven nada por mirar tan lejos! 
Piedad para las pulcras cabelleras 
— Místicas aureolas — 
Pernadas como lagos 
Que nunca airea el abanico negro, 
Negro y enorme de la tempestad; 
Piedad para los ínclitos espíritus 
Tallados en diamante, 
Altos, claros, extáticos 
Pararrayos de cúpulas morales; 
Piedad para los labios como engarces 
Celestes donde fulge 
Invisible la perla de la Hostia; 
— ^Labios que nunca fueron. 
Que no apresaron nunca 
Un vampiro de fuego 

Con más sed y más hambre que xm abismo. — • 



[58] 



ANTOLOGIA 



Piedad para los sexos sacrosanto» 
Que acoraza de una 
Hoja de viña astral la Castidad; 
Piedad para las plantas imantadas 
De eternidad que arrastran 
Por el eterno azur 

Las sandalias quemantes de sus llagad; 
Piedad, piedad, piedad 
Para todas las vidas que defiende 
De tus maravillosas intemperies 
El mirador enhiesto del Orgullo: 

Apúntales tus soles o tus rayos! 

Eros: Acaso no sentiste nunca 
Piedad de las estatuas? • . . 



[591 



ANTOLOGIA 



I 



EL NUDO 



Su idilio fue una lai^a sonrisa a cuatro labios. , . 
En el regazo cálido de rubia primavera 
Amáronse talmente que entre sus dedos sabios 
Palpitó la divina forma de la Quimera. 

En los palacios fúlgidos de las tardes en calma 

Hablábanse un lenguaje sentido como un lloro, 
Y he besaban hondo hasta morderse el alma! • . , 
Las horas deshojáronse como flores de oro. 



[61] 



0ELMIBA AGUSTINI 



Y el Destino interpuso sus dos manos heladas . , 
Ah[ los cuerpos cedieron, mas las almas trenzadas 
Son el más intrincado nudo que nunca fue . • . 

En lucha con sus locos enredos sobrehumanos 
Las Furias de la vida se rompieron las manos 
Y fatigó sus dedos supremos Ánanké. . . 



[62] 



ANTOLOGIA 



UNA CHISPA 



Fue un ensueño de fuego 
Con luce& fascinantes 
Y fieras de rubíes tal heridos diamantes; 
Rayo de sangre y fuego 

Incendió de oro y púrpura todo mi Oriente gris* 

Me quedé como ciego . . . 

¡Qué hiz! , , . — ¿Y luego y luego? , . , 

— ¿Luego? . . « El Oriente gris. . « 



[«3J 



AKT0L06IA 




CEGUERA 



Me abismo en una rara ceguera luminosa 
Un astro, casi un alma, me ha velado la Vida. 
¿Se ha prendido en mí como brillante mariposa, 
O en su disco de luz he quedado prendida? 

No sé. . . 

Rara ceguera que me borras el mundo, 
Estrella, casi alma, con que asciendo o me hundo: 
Dame tu luz y vélame eternamente el mundo! 



£65] 



VOLUMENES PUBLICADOS 



1. — Carlos María Ramírez: Artigas 

2. — Carlos Vaz Ferreira. Fbrkontaeio. 

3. — Carlos Reyles: El Terruño y PRiMnrro. 

4. — Eduardo Acevedo Díaz: Ismael. 

5. — Carlos Vaz Ferrena: Sobre los problemas socialib. 

6. — Carlos Vaz Ferreira: Sobre la propiedad de la nstxA. 

7. — José María Reyes: Descripción geográfica del teuu- 

TORIO DE LA RepÚBUCA O DEL UrUGÜAY. (TomO I), 

8 ^ José María Reyes: Descripción geográfica del tbibi- 

TORIO DE LA ReP^ÍBLICA O. DEL UrUGUAT, (TomO U)» 

9, — Francisco Bauzi* Estudios literarios. 

10. — Sansón Carrasco: Artículos. 

11. — Francisco Bauza: Estudios coNSTirucxONALEs» 

12. — José P. Massera: Estudios filosóficos. 

13. — El Viejo Pancho; Paja brava. 

14. — José Pedro Bellan: Do^^arramona. 

15. — ]^duardo Acevedo Díaz. Soledad y El combate vk 

LA tapera. 

16. Alvaro Armando Vasscur: Todos los CAin'oa, 

17. — Manuel Bernárdez: Narraciones. 

18* — Juan Zomlla de San Martín. Tabaré. 

19. — Javier de Vianar Gaucha. 

20. — María Eugenia Vaz Ferreira: La isla de los cánticos. 

21. — José Enrique Rodó: Moriros de Proteo. (Tomo I), 

22. — José Enrique Rodó, Motivos de Proteo. (Tomo II), 

23. — Isidoro de María: Montevideo antiguo. (Tomo I). 

24. Isidoro de María; Momtcvideo antiguo. (Tomo 11). 



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